El triunfo del círculo

Ruedo. Foto José Morón. Archivo fotográfico RMR

El ruedo de la Plaza de Toros de la Real Maestranza de Caballería de Ronda tiene 66 metros de diámetro, dentro de un conjunto de poca altura que respira un aire de campo libre. El coso se beneficia de este amplio espacio porque le presta gran luminosidad a la armonía de la piedra.

Las plazas de toros redondas son la solución final a los diversos escenarios en los que se celebraban los juegos taurinos: desde la forma rectangular de las plazas mayores de ciudades y pueblos, herederas de las plazas medievales; pasando por las plazas ochavadas propias de la Ilustración europea, con el detalle de que en España se diseñaban para hacer posible las corridas de toros; hasta las llamadas plazas de transición, edificios de viviendas específicos y singulares con espacios interiores poligonales para espectáculos públicos.

Las plazas de madera serían los primeros intentos de sacar el espectáculo taurino fuera del medio urbano, algo que se hacía necesario por las molestias y trastornos que su preparación y montaje provocaban en el centro de las ciudades.

Ruedo, callejón y graderío. Foto José Morón. Archivo fotográfico RMR

La Plaza de Toros de Ronda es el primer ejemplo de edificio con vocación de utilidad pública pensado para el espectáculo taurino. El profesor Pedro Romero de Solís, en el libro «Plaza de Toros de Ronda. 225 años», señala que se construyó con el afán de que pudiera dar cabida a toda la población de Ronda susceptible de poder asistir a una corrida de toros, deduciendo porcentajes en los censos de población de la época de hombres, mujeres, jóvenes, habitantes de la Serranía, viajeros nacionales, extranjeros, oficiales del ejército, de todos aquellos que pudieran sufragarse el precio de una entrada, hasta llegar a la capacidad de 4.819 localidades con la que fue proyectada.

Real Escuela Andaluza del Arte Ecuestre, 24 de agosto de 2006. Archivo fotográfico RMR

La apuesta por la circularidad, dejando atrás el espacio cuadrangular que le era propio a sus exhibiciones ecuestres, significa que los maestrantes decidieron impulsar el toreo a pie, que ya se imponía a finales del siglo XVIII relacionado con el paulatino abandono de la nobleza de la práctica del toreo caballeresco, sentando así las bases que hicieron posible la evolución de la tauromaquia moderna de los siglos venideros.

Festejo taurino popular. Francisco de Goya. BNE

Esta modificación del espacio escénico que condicionará el desarrollo de la fiesta puede proceder de los juegos taurinos populares, en los que sin barreras de protección la gente se disponía guardando una distancia equidistante del foco del peligro, el toro. La ligazón entre un edificio específico concebido para una función particular, según los principios del racionalismo, y la nueva geometría provocará que la antigua jerarquía barroca de las plazas mayores (con sus palcos y balcones para reyes y representantes de ayuntamientos, tribunales de justicia, audiencias, universidades, Santo Oficio, cabildos…) se diluya.

Concurso Exhibición de Enganches 2019. Foto Juan Jesús Pan. Archivo fotográfico RMR.

Aunque el diseño interior del graderío de la Plaza de Toros de Ronda está vinculado a las formas urbanas de su procedencia, los soportales de las plazas mayores, la geometría del círculo acabará por transformar el comportamiento social, en consonancia con el de los tiempos. El papel presidencial, ocupado por el monarca o por delegación real, pierde su protagonismo. Se mantiene cierta jerarquía, más cerca o más lejos del ruedo, palcos acotados, zonas de sol y sombra, pero ya da igual quien presida.

Corrida Goyesca 2019. Foto Juan Jesús Pan. Archivo fotográfico RMR

Las miradas van para el torero, y cualquier espectador independientemente de donde esté situado ve el mismo espectáculo: la arena y, cara a cara, un sector del público similar a otro. Va a representar un cambio en la concepción del espectáculo al convertirse en un fenómeno multiclasista. Con esta disposición, el público pasará a ser el juez supremo, inmisericorde y tirano, como lo describiera un cronista del siglo XIX.

Bibliografía

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